Nicolás Veracierta vio: El Patrimonio Mundial amenazado por el cambio climático

El cambio climático se está convirtiendo en uno de los riesgos más significativos para el Patrimonio Mundial, según asegura la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en su informe ‘Patrimonio mundial y turismo en un clima cambiante’.

El estudio examina 31 emplazamientos inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de 29 países vulnerables a fenómenos como el aumento de las temperaturas, el derretimiento de los glaciares, la subida del nivel del mar, los fenómenos climáticos extremos o las sequías.

Los famosos moais de la isla de Pascua, los canales de la ciudad de Venecia o el conjunto monumental de Stonehenge son algunos de los lugares declarados Patrimonio de la Humanidad que podrían perderse en los próximos años si no se actúa de manera “urgente y clara”.

VENECIA (ITALIA)

La ciudad de los canales se encuentra amenazada por el aumento del nivel del mar desde hace décadas. El fenómeno del ‘acqua alta’ –crecidas periódicas de las mareas– sumado al turismo masivo, sumerge cada vez más la superficie veneciana y acelera el deterioro de las estructuras de los edificios.

El nivel del agua en Venecia ha crecido unos 30 centímetros desde finales del siglo XIX. Si sigue aumentando al ritmo actual, el terreno podría hundirse 80 milímetrosrespecto al nivel del mar en los próximos 20 años, según un informe del Instituto de Oceanografía de la Universidad de San Diego (EEUU).

STONEHENGE (REINO UNIDO)

El cambio climático podría afectar a las condiciones ambientales del entorno donde se ubica el conjunto de monumentos neolíticos más famoso de Reino Unido. El aumento de las temperaturas en invierno atraería a mamíferos como topos o conejos capaces de desestabilizar la estructura de los dólmenes.

La UNESCO señala que este aumento ya se percibe en las islas británicas, donde los inviernos son “cada vez más secos y más cálidos”. El aumento del nivel del mar y las intensas tormentas también podrían afectar al conjunto neolítico de las islas Orcadas, situadas en Escocia.

ISLA DE PASCUA (CHILE)

Las gigantescas estatuas conocidas como moais podrían dejar de ser la seña de identidad del Parque Nacional Rapa Nui, nombre indígena de la Isla de Pascua, puesto que algunas de estas esculturas corren el riesgo de quedar destruidas por la erosión de las costas y las inundaciones.

La UNESCO advierte que el impacto del clima ya se registra en cuatro de los lugares más importantes para el turismo de la isla: Tongariki, Hanga Roa, Tahai y Anakena se encuentran “seriamente amenazados” por el oleaje.

ISLAS GALÁPAGOS (ECUADOR)

El rápido crecimiento del turismo, la introducción de especies exóticas e invasoras y la pesca ilegal han sido las principales amenazas para la biodiversidad de las Islas Galápagos en los últimos años.

La UNESCO sugiere, además, que los efectos del cambio climático podrían afectar a la vida natural del archipiélago, al provocar que el fenómeno climático de El Niño aumente tanto en frecuencia como en intensidad y genere así graves variaciones en la temperatura del mar y en las precipitaciones.

CARTAGENA DE INDIAS (COLOMBIA)

El aumento del nivel del mar y las inundaciones costeras ponen en riesgo el patrimonio histórico de Cartagena de Indias, una ciudad colombiana que posee el conjunto de fortalezas militares más rico de toda Latinoamérica.

Las inundaciones ya han deteriorado algunos monumentos de la ciudad y la creciente intensidad de las tormentas amenaza con destruir varios barrios de la costa. En este sentido, la UNESCO prevé que el nivel del mar podría aumentar hasta 60 centímetros en 2040.

REGIÓN FLORAL DEL CABO (SUDÁFRICA)

La enorme riqueza natural de la Región Floral del Cabo sitúa a Sudáfrica como uno de los países con mayor biodiversidad del mundo, pero el aumento de las temperaturas y la disminución de las lluvias amenazan el futuro de la región.

Los incendios suponen otra de las amenazas para el ecosistema sudafricano. El informe de la UNESCO indica que los fuegos han aumentado desde 1990 a causa de las sequías, provocando la destrucción de la vegetación y la reducción del tamaño de los árboles.

LA ESTATUA DE LA LIBERTAD (ESTADOS UNIDOS)

En las ciudades de la costa atlántica de Estados Unidos, el nivel del mar se ha incrementado cuatro veces más que en el resto del país. Esta tendencia creciente es la principal amenaza a la que se enfrenta el mayor icono de la ciudad de Nueva York.

En octubre de 2012, el huracán Sandy causó la inundación del 75% de la isla de Ellis, donde se sitúa la escultura, y aunque la base de la estatua no resultó dañada, se registraron daños en las infraestructuras cuyos costes de reparación superaron los sesenta mil millones de dólares.

El cambio climático se está convirtiendo en uno de los riesgos más significativos para el Patrimonio Mundial, según asegura la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en su informe ‘Patrimonio mundial y turismo en un clima cambiante’.

El estudio examina 31 emplazamientos inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de 29 países vulnerables a fenómenos como el aumento de las temperaturas, el derretimiento de los glaciares, la subida del nivel del mar, los fenómenos climáticos extremos o las sequías.

Los famosos moais de la isla de Pascua, los canales de la ciudad de Venecia o el conjunto monumental de Stonehenge son algunos de los lugares declarados Patrimonio de la Humanidad que podrían perderse en los próximos años si no se actúa de manera “urgente y clara”.

VENECIA (ITALIA)

La ciudad de los canales se encuentra amenazada por el aumento del nivel del mar desde hace décadas. El fenómeno del ‘acqua alta’ –crecidas periódicas de las mareas– sumado al turismo masivo, sumerge cada vez más la superficie veneciana y acelera el deterioro de las estructuras de los edificios.

El nivel del agua en Venecia ha crecido unos 30 centímetros desde finales del siglo XIX. Si sigue aumentando al ritmo actual, el terreno podría hundirse 80 milímetrosrespecto al nivel del mar en los próximos 20 años, según un informe del Instituto de Oceanografía de la Universidad de San Diego (EEUU).

STONEHENGE (REINO UNIDO)

El cambio climático podría afectar a las condiciones ambientales del entorno donde se ubica el conjunto de monumentos neolíticos más famoso de Reino Unido. El aumento de las temperaturas en invierno atraería a mamíferos como topos o conejos capaces de desestabilizar la estructura de los dólmenes.

La UNESCO señala que este aumento ya se percibe en las islas británicas, donde los inviernos son “cada vez más secos y más cálidos”. El aumento del nivel del mar y las intensas tormentas también podrían afectar al conjunto neolítico de las islas Orcadas, situadas en Escocia.

ISLA DE PASCUA (CHILE)

Las gigantescas estatuas conocidas como moais podrían dejar de ser la seña de identidad del Parque Nacional Rapa Nui, nombre indígena de la Isla de Pascua, puesto que algunas de estas esculturas corren el riesgo de quedar destruidas por la erosión de las costas y las inundaciones.

La UNESCO advierte que el impacto del clima ya se registra en cuatro de los lugares más importantes para el turismo de la isla: Tongariki, Hanga Roa, Tahai y Anakena se encuentran “seriamente amenazados” por el oleaje.

ISLAS GALÁPAGOS (ECUADOR)

El rápido crecimiento del turismo, la introducción de especies exóticas e invasoras y la pesca ilegal han sido las principales amenazas para la biodiversidad de las Islas Galápagos en los últimos años.

La UNESCO sugiere, además, que los efectos del cambio climático podrían afectar a la vida natural del archipiélago, al provocar que el fenómeno climático de El Niño aumente tanto en frecuencia como en intensidad y genere así graves variaciones en la temperatura del mar y en las precipitaciones.

CARTAGENA DE INDIAS (COLOMBIA)

El aumento del nivel del mar y las inundaciones costeras ponen en riesgo el patrimonio histórico de Cartagena de Indias, una ciudad colombiana que posee el conjunto de fortalezas militares más rico de toda Latinoamérica.

Las inundaciones ya han deteriorado algunos monumentos de la ciudad y la creciente intensidad de las tormentas amenaza con destruir varios barrios de la costa. En este sentido, la UNESCO prevé que el nivel del mar podría aumentar hasta 60 centímetros en 2040.

REGIÓN FLORAL DEL CABO (SUDÁFRICA)

La enorme riqueza natural de la Región Floral del Cabo sitúa a Sudáfrica como uno de los países con mayor biodiversidad del mundo, pero el aumento de las temperaturas y la disminución de las lluvias amenazan el futuro de la región.

Los incendios suponen otra de las amenazas para el ecosistema sudafricano. El informe de la UNESCO indica que los fuegos han aumentado desde 1990 a causa de las sequías, provocando la destrucción de la vegetación y la reducción del tamaño de los árboles.

LA ESTATUA DE LA LIBERTAD (ESTADOS UNIDOS)

En las ciudades de la costa atlántica de Estados Unidos, el nivel del mar se ha incrementado cuatro veces más que en el resto del país. Esta tendencia creciente es la principal amenaza a la que se enfrenta el mayor icono de la ciudad de Nueva York.

En octubre de 2012, el huracán Sandy causó la inundación del 75% de la isla de Ellis, donde se sitúa la escultura, y aunque la base de la estatua no resultó dañada, se registraron daños en las infraestructuras cuyos costes de reparación superaron los sesenta mil millones de dólares.

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Nicolás Veracierta vio: Galicia, incendios y palabras vanas

¿Critica contractiva?

La oposición en ese momento la encabezaba el propio Núñez Feijóo y sus dichos se refirieron a un incendio forestal acaecido en agosto del año anterior, que costó la vida a cuatro personas, que fallecieron principalmente intoxicadas por el humo.

En plena campaña preelectoral Núñez Feijóo acusó al Ejecutivo de que, durante su mandato había ardido en ese mes de agosto, tanto terreno como en los 16 agostos del PP, aludiendo a épocas anteriores en las que gobernaba su partido.

 

En dos semanas y a causa de los 1970 fuegos declarados, ese duro verano en Galicia se quemaron (según datos oficiales de la Xunta) 77 mil hectáreas, aunque el Ministerio de Medio Ambiente, indica que la cantidad de terreno calcinado fue de algo más de 86.000 hectáreas.

Seguramente afectado por las pérdidas humanas y materiales (que las elecciones estuvieran a la vuelta de la esquina debe haber sido una casualidad), el señor Núñez Feijóo se atrevió a vaticinar que con “ellos” (gobernando, se sobreentiende), no habrían muertos en los incendios.

 

Esperanzas rotas

Obviamente como el señor Núñez Feijóo no parece que tenga poderes sobrenaturales, como para poder dar este tipo de seguridades, todos los que luego acabaron votándole, lo hicieron pensando que se refería a que, si le daban la oportunidad, sería capaz de hacer las cosas de otra forma.

Creerían que se llevaría a cabo una planificación acorde a los tiempos que corren, donde el Cambio Climático le pisa los talones a los poco previsores, lo que se traduciría en una gestión adecuada de los montes y bosques, para evitar, en la medida de lo posible, que se produjeran incendios forestales.

 

Confiarían en que, si lamentablemente estallasen fuegos (por causas naturales o de la mano de algún descerebrado), las fuerzas que deberían combatirlos estuviesen bien pertrechadas, en cuanto a maquinaria y recursos y contarían con el personal suficiente y necesario, para trabajar de manera eficaz y poder extinguir los focos rápidamente.

Tendrían la certeza de que, habría planes de contingencia, para evacuar de forma adecuada a aquellas personas que viven en pueblos aislados y/o en lugares de difícil acceso, que se proyectarían corredores de desalojo para los animales salvajes y que la gente ya no se vería obligada a dejar atrás a sus animales domésticos, para que fueran pasto de las llamas.

 

La dura realidad

Actualmente el señor Núñez Feijóo preside la Xunta de Galicia, gracias al voto del soberano (en referencia a la soberanía popular, no a la del monarca). Los gallegos confiaron en sus palabras y la respuesta está a la vista: arde Galicia (el primer recuento es de 35.000 hectáreas quemadas) y ya van 4 muertos.

 

Hoy muchos se desesperan de dolor ante la pérdida de seres queridos, del trabajo de toda una vida, de la iglesia de su pueblo, de su antiguo colegio, de aquel rincón del bosque que fue testigo de su infancia y del inmenso daño que le hace al corazón gallego, ver su tierra calcinada.

Y mientras tanto, el presidente de la Xunta, habla de terrorismo incendiario organizado y se lamenta de lo crítica que resulta la situación, cuando lo más coherente sería hacer un poco de autocrítica, porque ya no queda nadie más, a quien colgarle los muertos.

 

REDACCION/ECOTICIAS.COM

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Nicolás Veracierta vio: Fiscalía pide a Seprona y SEPA la relación de incendios que están investigando

El fiscal instructor pide que se le proporcione esa relación en el plazo más breve posible, con al relación individualizada de incendios producidos, localización, fecha de detección y fecha de extinción.

La Fiscalía del Principado de Asturias ha pedido al Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil y al Servicio de Emergencias del Principado de Asturias (SEPA) información acerca de los incendios que están investigando o tienen previsto investigar y si se han informado mutuamente “a efectos de evitar duplicidades”.

El fiscal instructor pide que se le proporcione esa relación en el plazo más breve posible, con al relación individualizada de incendios producidos, localización, fecha de detección y fecha de extinción.

Además, Fiscalía ha solicitado a la Consejería de Presidencia del Principado de Asturias que informe de las labores de extinción practicadas y que actualice la información remitida el año pasado en relación con los protocolos existentes en materia de prevención de incendios.

Las diligencias se han incoado “a efectos de una comprensión y visión general de las labores llevadas a cabo, sin perjuicio de las posibles causas penales que se puedan originar como consecuencia de las labores de investigación que se lleven a cabo por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”, según ha explicado desde Fiscalía a través de una nota de prensa.

La Fiscalía del Principado de Asturias ha pedido al Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil y al Servicio de Emergencias del Principado de Asturias (SEPA) información acerca de los incendios que están investigando o tienen previsto investigar y si se han informado mutuamente “a efectos de evitar duplicidades”.

El fiscal instructor pide que se le proporcione esa relación en el plazo más breve posible, con al relación individualizada de incendios producidos, localización, fecha de detección y fecha de extinción.

Además, Fiscalía ha solicitado a la Consejería de Presidencia del Principado de Asturias que informe de las labores de extinción practicadas y que actualice la información remitida el año pasado en relación con los protocolos existentes en materia de prevención de incendios.

Las diligencias se han incoado “a efectos de una comprensión y visión general de las labores llevadas a cabo, sin perjuicio de las posibles causas penales que se puedan originar como consecuencia de las labores de investigación que se lleven a cabo por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”, según ha explicado desde Fiscalía a través de una nota de prensa.

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Nicolás Veracierta vio: claves de una tragedia única en la Europa atlántica

El domingo 15 de octubre prendía en Galicia un fuego que no será fácil de olvidar. Cientos de personas salían a la calle para ayudar en las tareas de extinción, las llamas llegaban a las casas y alcanzaban el centro de la ciudad de Vigo. Llevaba días ardiendo por la zona de Ourense, la provincia más castigada por esta lacra, pero nadie se esperaba tal magnitud simultánea.

El fuego es un viejo conocido en Galicia, Asturias y el norte de Portugal. En la década de los noventa ya se hablaba de miles de hectáreas quemadas por la ‘cultura’ del fuego, heredada de su uso como una herramienta agrícola y ganadera. Pero en la península ibérica pasa algo atípico: de todas las regiones de la fachada atlántica europea, las únicas zonas donde los incendios forestales son un problema perpetuo son el norte de Portugal y Galicia.

Serafín González Prieto, doctor en biología, director de la Sociedade Galega de Historia Natural y científico titular del CSIC, lleva años estudiando este fenómeno: “El uso del fuego ha sido común en la historia de la humanidad; sin embargo, en otras zonas ha dejado de utilizarse y aquí continúa. A esto hay que sumarle que de todas las regiones de la fachada atlántica europea, Galicia y norte de Portugal tienen los peores indicadores demográficos. Hay un despoblamiento muy acusado y un envejecimiento muy fuerte del medio rural. La utilización histórica del fuego junto con ese crack demográfico y económico ha desmadrado el problema”.

Según los informes de incendios de los agentes forestales, cerca del 99% de los que se registran en Galicia tienen causas humanas y el 75% son intencionados. El resto son accidentes o negligencias. Los intencionados están ocasionados por incendiarios, es decir, personas que los causan deliberadamente, de los cuales muy pocos son pirómanos –con un trastorno psiquiátrico muy específico–.

“Se suele usar el término pirómano de forma confusa, lo que conduce a que se sobrevalore el papel de estas personas en los fuegos. Según las estadísticas, en Galicia provocan un 6,5% de los incendios, cifra que podría estar incluso sobreestimada por la falta de comprensión de este término incluso entre los agentes forestales”, explica María Calviño Cancela, bióloga e investigadora de la Universidad de Vigo.

La científica gallega acaba de publicar un estudio en la revista Forest Ecology and Management sobre la interacción de las causas humanas, naturales y climáticas de los incendios, y en particular del riesgo en las zonas próximas a casas y poblaciones. Calvino colabora desde hace años con Julia Touza Montero, de la Universidad de York (Reino Unido), con la que ha publicado varios artículos relacionados con los fuegos asociados a la vegetación y a los cambios en las políticas forestales. “Estamos pendientes de publicar un estudio sobre el efecto disuasorio de los arrestos, con resultados positivos”, dice Touza.

La creciente ‘economía’ del fuego

Determinar las motivaciones de los incendiarios es muy difícil mientras no se les descubra e interrogue. Las estadísticas parten sobre todo de suposiciones realizadas por los agentes de incendios en sus informes.

“Existe una intencionalidad, sin duda, y las bases sociológicas son complicadas por múltiples factores, pero todos ellos se relacionan con un envejecimiento de la población. La pregunta que me hago es: si Galicia desde el año 90 cada vez gasta más dinero en extinción –debe de ser la región de Europa con mayor gasto, con unos 175 millones de euros anuales en los dos últimos años–, ¿por qué 37 años después el problema sigue siendo igual de grave?”, plantea González Prieto.

Los datos de las últimas cuatro décadas proporcionados por el Plan de prevención e defensa contra os incendios forestais de Galicia muestran un descenso de la superficie quemada del 25 al 35% por década, a pesar de que el número de incendios ha aumentado de 1976 a 2005 –solo se ha producido un descenso en la última década–. Esto sugiere que las medidas de extinción han mejorado en efectividad, pero el número de incendios es elevadísimo, con un promedio anual de 0,13 fuegos por km2, solo superado por Portugal, según los últimos datos de la Comisión Europea.

“Imaginemos que en vez de gastar el dinero en extinción se hubiera invertido en prevención y en el desarrollo sostenible de las zonas que tradicionalmente se queman. En darle un futuro económico, ambiental y demográfico a esas áreas. Cada vez se gasta más, pero no se gasta bien. Es una economía del fuego que sigue creciendo”, indica el investigador del CSIC.

Para Calviño Cancela, estar preparado para algo tan excepcional como lo vivido en los últimos días supondría unos costes muy difíciles de asumir para cualquier sociedad. “No tenemos un problema con la eficacia de extinción de incendios, a la que se dedican muchos recursos, pero sí con el número de ellos que se producen”.

De la misma opinión es Mercedes Casal, directora del grupo de investigación Ecología del Fuego en la Universidad de Santiago de Compostela (USC), que lleva más de cuarenta años estudiando los incendios en esta comunidad: “Hay situaciones en las que los medios están desbordados al concentrarse muchos incendios en pocos días y con factores meteorológicos desfavorables. Lo que se debe hacer es potenciar las medidas preventivas”.

“He vivido incendios forestales de cerca –añade González Prieto–, he asistido a pequeñas quemas autorizadas, pero cuando las condiciones se ponen complicadas, si hay una oleada de esa magnitud es inmanejable. La gente tiene que descansar, no puedes mandar a personas agotadas a jugarse la vida para apagar un incendio. Lo que hay que evitar es que haya tantos fuegos”.

Duras críticas a la gestión del territorio

Tanto Casal como González Prieto son muy críticos con la gestión del territorio en Galicia y en gran parte de España. “Se ha mezclado la edificación con el monte –dice la científica de la USC–, con lo cual aumenta el riesgo para la población humana, sus viviendas y propiedades, y además la técnica de extinción ya no corresponde a criterios estrictamente forestales”.

El drama es mayor porque en Galicia y en Portugal en los últimos años los incendios ocurren muy cerca de zonas habitadas. La Ley de Incendios Forestales de Galicia establece la normativa para la protección en estas zonas. “Es necesario cumplir lo establecido en la Ley, e incluso mantener mayores perímetros de protección de las zonas urbanas o industriales”, enfatiza Casal.

González Prieto lamenta: “Si Galicia se caracteriza por algo, desgraciadamente, es por la carencia de ordenación y gestión del territorio. Esto, unido al abandono dramático del medio rural, es el caldo de cultivo idóneo para esta situación”.

En total, han fallecido cuatro personas en los incendios de Galicia y 41 en Portugal, pero la tragedia no acaba cuando se apagan las llamas. Los fuegos tienen consecuencias sobre la salud humana, el medioambiente y la erosión de los suelos.

“El humo altera a la atmósfera gravemente, se producen efectos ambientales, pérdidas materiales de viviendas, de animales. Más tarde, vendrán las pérdidas de suelo por lluvias intensas y erosivas que deterioran los ecosistemas forestales, los ríos y las rías. Los problemas no terminan cuando se apaga el fuego, sino que empiezan otros”, afirma González Prieto.

“El año que viene volveremos a hablar de esto y a lo peor la superficie quemada es más grande y hay más muertos”, subraya el investigador del CSIC.

Eucaliptos, pinos y clima: combinación fatídica

La proliferación de plantaciones forestales de especies muy inflamables, como pinos y eucaliptos, sin duda favorece la rápida expansión de los incendios, sobre todo cuando se encuentran semiabandonadas y acumulan mucha cantidad de biomasa.

“Un problema importante es que no se dan los incentivos adecuados para que un propietario evite el riesgo que supone utilizar especies con alto riesgo. El dueño de la parcela recibe los beneficios derivados de la alta productividad de estos árboles, pero no asume el enorme coste que causan los incendios”, explica Calviño Cancela.

En diversos estudios de su grupo han comprobado cómo los bosques caducifolios nativos típicos de esta zona, dominados por robles, tienen un riesgo de incendio mucho menor que estas plantaciones, por lo que constituyen una defensa natural y barata frente a los incendios. “Se vuelven a cometer los mismos errores: primar las plantaciones de especies productivas y muy combustibles, no intercalar áreas cortafuegos ni bosques refugios de biodiversidad, no proteger carreteras ni casas de la cercanía del fuego futuro”, reprocha Casal.

En cuanto al clima, las condiciones de muy baja humedad del aire, altas temperaturas y vientos muy fuertes, unidas a una vegetación muy seca después de meses prácticamente sin precipitaciones, han favorecido una rápida expansión.

“Lo esperable, con la evolución actual, es que las condiciones climáticas vayan a peor. Es decir, nos vamos a enfrentar a temporadas más largas de incendios forestales y en peores condiciones, con temperaturas más altas y sequías más intensas”, declara José María Fernández Alonso, investigador del Centro de Investigación Forestal Lourizán de la Xunta de Galicia. El científico acaba de publicar un artículo en el European Journal of Forest Research que analiza la interacción de factores como el viento para localizar las zonas más sensibles a la propagación de fuegos en Galicia.

Fernández Alonso tampoco ve que la solución sea aumentar las dotaciones, sino reorientarlas. “Tanto en su formación como posiblemente en su flexibilidad temporal, y apoyarse más si cabe en el conocimiento científico, porque si nos vamos enfrentar a nuevos escenarios de cambio climático, la acumulación de medios no será la respuesta”.

“Con todos estos puntos en contexto –enfatiza González Prieto– queda claro que si hay una oleada de incendios es muy difícil poder atajarlos, a no ser que tengamos un coche de bomberos por cada pueblo. Hay que ayudar a conservar los parques naturales que se han quemado, las zonas de la Red Natura 2000 que han ardido y las especies amenazadas que han muerto calcinadas. Necesitamos cambiar el enfoque totalmente”.

El domingo 15 de octubre prendía en Galicia un fuego que no será fácil de olvidar. Cientos de personas salían a la calle para ayudar en las tareas de extinción, las llamas llegaban a las casas y alcanzaban el centro de la ciudad de Vigo. Llevaba días ardiendo por la zona de Ourense, la provincia más castigada por esta lacra, pero nadie se esperaba tal magnitud simultánea.

El fuego es un viejo conocido en Galicia, Asturias y el norte de Portugal. En la década de los noventa ya se hablaba de miles de hectáreas quemadas por la ‘cultura’ del fuego, heredada de su uso como una herramienta agrícola y ganadera. Pero en la península ibérica pasa algo atípico: de todas las regiones de la fachada atlántica europea, las únicas zonas donde los incendios forestales son un problema perpetuo son el norte de Portugal y Galicia.

Serafín González Prieto, doctor en biología, director de la Sociedade Galega de Historia Natural y científico titular del CSIC, lleva años estudiando este fenómeno: “El uso del fuego ha sido común en la historia de la humanidad; sin embargo, en otras zonas ha dejado de utilizarse y aquí continúa. A esto hay que sumarle que de todas las regiones de la fachada atlántica europea, Galicia y norte de Portugal tienen los peores indicadores demográficos. Hay un despoblamiento muy acusado y un envejecimiento muy fuerte del medio rural. La utilización histórica del fuego junto con ese crack demográfico y económico ha desmadrado el problema”.

Según los informes de incendios de los agentes forestales, cerca del 99% de los que se registran en Galicia tienen causas humanas y el 75% son intencionados. El resto son accidentes o negligencias. Los intencionados están ocasionados por incendiarios, es decir, personas que los causan deliberadamente, de los cuales muy pocos son pirómanos –con un trastorno psiquiátrico muy específico–.

“Se suele usar el término pirómano de forma confusa, lo que conduce a que se sobrevalore el papel de estas personas en los fuegos. Según las estadísticas, en Galicia provocan un 6,5% de los incendios, cifra que podría estar incluso sobreestimada por la falta de comprensión de este término incluso entre los agentes forestales”, explica María Calviño Cancela, bióloga e investigadora de la Universidad de Vigo.

La científica gallega acaba de publicar un estudio en la revista Forest Ecology and Management sobre la interacción de las causas humanas, naturales y climáticas de los incendios, y en particular del riesgo en las zonas próximas a casas y poblaciones. Calvino colabora desde hace años con Julia Touza Montero, de la Universidad de York (Reino Unido), con la que ha publicado varios artículos relacionados con los fuegos asociados a la vegetación y a los cambios en las políticas forestales. “Estamos pendientes de publicar un estudio sobre el efecto disuasorio de los arrestos, con resultados positivos”, dice Touza.

La creciente ‘economía’ del fuego

Determinar las motivaciones de los incendiarios es muy difícil mientras no se les descubra e interrogue. Las estadísticas parten sobre todo de suposiciones realizadas por los agentes de incendios en sus informes.

“Existe una intencionalidad, sin duda, y las bases sociológicas son complicadas por múltiples factores, pero todos ellos se relacionan con un envejecimiento de la población. La pregunta que me hago es: si Galicia desde el año 90 cada vez gasta más dinero en extinción –debe de ser la región de Europa con mayor gasto, con unos 175 millones de euros anuales en los dos últimos años–, ¿por qué 37 años después el problema sigue siendo igual de grave?”, plantea González Prieto.

Los datos de las últimas cuatro décadas proporcionados por el Plan de prevención e defensa contra os incendios forestais de Galicia muestran un descenso de la superficie quemada del 25 al 35% por década, a pesar de que el número de incendios ha aumentado de 1976 a 2005 –solo se ha producido un descenso en la última década–. Esto sugiere que las medidas de extinción han mejorado en efectividad, pero el número de incendios es elevadísimo, con un promedio anual de 0,13 fuegos por km2, solo superado por Portugal, según los últimos datos de la Comisión Europea.

“Imaginemos que en vez de gastar el dinero en extinción se hubiera invertido en prevención y en el desarrollo sostenible de las zonas que tradicionalmente se queman. En darle un futuro económico, ambiental y demográfico a esas áreas. Cada vez se gasta más, pero no se gasta bien. Es una economía del fuego que sigue creciendo”, indica el investigador del CSIC.

Para Calviño Cancela, estar preparado para algo tan excepcional como lo vivido en los últimos días supondría unos costes muy difíciles de asumir para cualquier sociedad. “No tenemos un problema con la eficacia de extinción de incendios, a la que se dedican muchos recursos, pero sí con el número de ellos que se producen”.

De la misma opinión es Mercedes Casal, directora del grupo de investigación Ecología del Fuego en la Universidad de Santiago de Compostela (USC), que lleva más de cuarenta años estudiando los incendios en esta comunidad: “Hay situaciones en las que los medios están desbordados al concentrarse muchos incendios en pocos días y con factores meteorológicos desfavorables. Lo que se debe hacer es potenciar las medidas preventivas”.

“He vivido incendios forestales de cerca –añade González Prieto–, he asistido a pequeñas quemas autorizadas, pero cuando las condiciones se ponen complicadas, si hay una oleada de esa magnitud es inmanejable. La gente tiene que descansar, no puedes mandar a personas agotadas a jugarse la vida para apagar un incendio. Lo que hay que evitar es que haya tantos fuegos”.

Duras críticas a la gestión del territorio

Tanto Casal como González Prieto son muy críticos con la gestión del territorio en Galicia y en gran parte de España. “Se ha mezclado la edificación con el monte –dice la científica de la USC–, con lo cual aumenta el riesgo para la población humana, sus viviendas y propiedades, y además la técnica de extinción ya no corresponde a criterios estrictamente forestales”.

El drama es mayor porque en Galicia y en Portugal en los últimos años los incendios ocurren muy cerca de zonas habitadas. La Ley de Incendios Forestales de Galicia establece la normativa para la protección en estas zonas. “Es necesario cumplir lo establecido en la Ley, e incluso mantener mayores perímetros de protección de las zonas urbanas o industriales”, enfatiza Casal.

González Prieto lamenta: “Si Galicia se caracteriza por algo, desgraciadamente, es por la carencia de ordenación y gestión del territorio. Esto, unido al abandono dramático del medio rural, es el caldo de cultivo idóneo para esta situación”.

En total, han fallecido cuatro personas en los incendios de Galicia y 41 en Portugal, pero la tragedia no acaba cuando se apagan las llamas. Los fuegos tienen consecuencias sobre la salud humana, el medioambiente y la erosión de los suelos.

“El humo altera a la atmósfera gravemente, se producen efectos ambientales, pérdidas materiales de viviendas, de animales. Más tarde, vendrán las pérdidas de suelo por lluvias intensas y erosivas que deterioran los ecosistemas forestales, los ríos y las rías. Los problemas no terminan cuando se apaga el fuego, sino que empiezan otros”, afirma González Prieto.

“El año que viene volveremos a hablar de esto y a lo peor la superficie quemada es más grande y hay más muertos”, subraya el investigador del CSIC.

Eucaliptos, pinos y clima: combinación fatídica

La proliferación de plantaciones forestales de especies muy inflamables, como pinos y eucaliptos, sin duda favorece la rápida expansión de los incendios, sobre todo cuando se encuentran semiabandonadas y acumulan mucha cantidad de biomasa.

“Un problema importante es que no se dan los incentivos adecuados para que un propietario evite el riesgo que supone utilizar especies con alto riesgo. El dueño de la parcela recibe los beneficios derivados de la alta productividad de estos árboles, pero no asume el enorme coste que causan los incendios”, explica Calviño Cancela.

En diversos estudios de su grupo han comprobado cómo los bosques caducifolios nativos típicos de esta zona, dominados por robles, tienen un riesgo de incendio mucho menor que estas plantaciones, por lo que constituyen una defensa natural y barata frente a los incendios. “Se vuelven a cometer los mismos errores: primar las plantaciones de especies productivas y muy combustibles, no intercalar áreas cortafuegos ni bosques refugios de biodiversidad, no proteger carreteras ni casas de la cercanía del fuego futuro”, reprocha Casal.

En cuanto al clima, las condiciones de muy baja humedad del aire, altas temperaturas y vientos muy fuertes, unidas a una vegetación muy seca después de meses prácticamente sin precipitaciones, han favorecido una rápida expansión.

“Lo esperable, con la evolución actual, es que las condiciones climáticas vayan a peor. Es decir, nos vamos a enfrentar a temporadas más largas de incendios forestales y en peores condiciones, con temperaturas más altas y sequías más intensas”, declara José María Fernández Alonso, investigador del Centro de Investigación Forestal Lourizán de la Xunta de Galicia. El científico acaba de publicar un artículo en el European Journal of Forest Research que analiza la interacción de factores como el viento para localizar las zonas más sensibles a la propagación de fuegos en Galicia.

Fernández Alonso tampoco ve que la solución sea aumentar las dotaciones, sino reorientarlas. “Tanto en su formación como posiblemente en su flexibilidad temporal, y apoyarse más si cabe en el conocimiento científico, porque si nos vamos enfrentar a nuevos escenarios de cambio climático, la acumulación de medios no será la respuesta”.

“Con todos estos puntos en contexto –enfatiza González Prieto– queda claro que si hay una oleada de incendios es muy difícil poder atajarlos, a no ser que tengamos un coche de bomberos por cada pueblo. Hay que ayudar a conservar los parques naturales que se han quemado, las zonas de la Red Natura 2000 que han ardido y las especies amenazadas que han muerto calcinadas. Necesitamos cambiar el enfoque totalmente”.

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Nicolás Veracierta vio: Bienvenida la lluvia pero hay que tomar medidas urgentes en las zonas incendiadas

Con gran alegría recibimos, por fin, las primeras lluvias otoñales, en uno de los años más secos de la historia. Lluvias y bajada de temperaturas, condiciones que ayudan a controlar los numerosos incendios que han estado asolando Galicia, Asturias y León, mostrando por fin un mapa de niveles bajos de riesgo de incendio forestal.

Con el susto en el cuerpo, con el recuerdo de personas fallecidas, la pérdida de bienes, y de espacios naturales de alto valor ambiental, es muy lógico que nazcan iniciativas relacionadas con la recuperación de las zonas incendiadas. Tras el drama de un incendio forestal, nos surge esa necesidad de restablecer el bosque lo antes posible, con muchas peticiones de replantar la zona quemada, diseminar semilla autóctona, etc. Todas muy loables, pero que en este momento desenfocadas, sobretodo cuando está lloviendo.

Si queremos ayudar a la recuperación de nuestros bosques, es prioritario proteger el suelo y reducir los procesos erosivos agravados por las deseadas lluvias.

Por tanto, las primeras actuaciones de emergencia se deben centrar en frenar los procesos erosivos actuales, controlar las posibles avenidas y posteriormente favorecer la regeneración natural de la cubierta vegetal.

¿Qué medidas se tienen que tomar?

Realizar pequeños diques perpendiculares a la pendiente en laderas muy empinadas para evitar pérdida de suelo y frenar la escorrentía (los arrastres de agua). Se trata de retener el suelo, de poner obstáculos a la circulación del agua en las laderas e impedir la formación de regueros y cárcavas (socavones).

También es clave realizar construcciones provisionales en arroyos, ríos, lagunas para evitar que lleguen sedimentos y cenizas que contaminen los cursos de agua y afecten a la vida piscícola.

Otra actuación de emergencia muy importante es la de sacar la madera quemada para evitar riesgo de plagas y enfermedades. Además, hay que extraer la madera sin arrastrarla para seguir con el objetivo fundamental de evitar erosionar el suelo. Esto es muy importante para no dañar la futura regeneración natural. Sí, natural, se valorará primero siempre la capacidad regeneradora de la zona afectada y posteriormente se establecerán las actuaciones precisas para recuperar la masa forestal (repoblación, siembras, seguimiento de la regeneración natural, acotado de ganado, etc).

Recordemos que el fuego es un elemento natural que forma parte de los fenómenos que modelan el paisaje, especialmente en el área mediterránea. Por ello, gran parte de las especies vegetales de la región mediterránea tienen algún tipo de adaptación al fuego (corteza gruesa para soportar altas temperaturas; capacidad para rebrotar tanto de copa, cepa, raíz, capacidad para germinar generando abundantes bancos de semillas que germinan con elevadas temperaturas, como es el caso de los pinos).

Conociendo las adaptaciones de la vegetación es importante esperar a repoblar para ver cómo evoluciona la superficie quemada. Dar tiempo para ver cómo se abre paso la regeneración natural de las especies con las estrategias que comentábamos antes.

Pero para esto, como comentábamos todavía falta. Lo primero y fundamental en días en que disfrutamos de la bendita lluvia, es proteger el suelo de nuestros bosques para evitar procesos erosivos y contaminación de cursos de agua. Precisamente a finales de agosto, veíamos tras el incendio de El Encinedo (León) como las lluvias arrastraban los terrenos calcinados por las llamas y debaja los ríos de la provincia completamente teñidos de negro.

O incluso llegan a afectar a los bancos marisqueros de las rías y ensenadas costeras, como ocurrió en 2013 tras los incendios del Monte O Pindo en Carnota (A Coruña), por tanto las medidas son urgentes.

Con gran alegría recibimos, por fin, las primeras lluvias otoñales, en uno de los años más secos de la historia. Lluvias y bajada de temperaturas, condiciones que ayudan a controlar los numerosos incendios que han estado asolando Galicia, Asturias y León, mostrando por fin un mapa de niveles bajos de riesgo de incendio forestal.

Con el susto en el cuerpo, con el recuerdo de personas fallecidas, la pérdida de bienes, y de espacios naturales de alto valor ambiental, es muy lógico que nazcan iniciativas relacionadas con la recuperación de las zonas incendiadas. Tras el drama de un incendio forestal, nos surge esa necesidad de restablecer el bosque lo antes posible, con muchas peticiones de replantar la zona quemada, diseminar semilla autóctona, etc. Todas muy loables, pero que en este momento desenfocadas, sobretodo cuando está lloviendo.

Si queremos ayudar a la recuperación de nuestros bosques, es prioritario proteger el suelo y reducir los procesos erosivos agravados por las deseadas lluvias.

Por tanto, las primeras actuaciones de emergencia se deben centrar en frenar los procesos erosivos actuales, controlar las posibles avenidas y posteriormente favorecer la regeneración natural de la cubierta vegetal.

¿Qué medidas se tienen que tomar?

Realizar pequeños diques perpendiculares a la pendiente en laderas muy empinadas para evitar pérdida de suelo y frenar la escorrentía (los arrastres de agua). Se trata de retener el suelo, de poner obstáculos a la circulación del agua en las laderas e impedir la formación de regueros y cárcavas (socavones).

También es clave realizar construcciones provisionales en arroyos, ríos, lagunas para evitar que lleguen sedimentos y cenizas que contaminen los cursos de agua y afecten a la vida piscícola.

Otra actuación de emergencia muy importante es la de sacar la madera quemada para evitar riesgo de plagas y enfermedades. Además, hay que extraer la madera sin arrastrarla para seguir con el objetivo fundamental de evitar erosionar el suelo. Esto es muy importante para no dañar la futura regeneración natural. Sí, natural, se valorará primero siempre la capacidad regeneradora de la zona afectada y posteriormente se establecerán las actuaciones precisas para recuperar la masa forestal (repoblación, siembras, seguimiento de la regeneración natural, acotado de ganado, etc).

Recordemos que el fuego es un elemento natural que forma parte de los fenómenos que modelan el paisaje, especialmente en el área mediterránea. Por ello, gran parte de las especies vegetales de la región mediterránea tienen algún tipo de adaptación al fuego (corteza gruesa para soportar altas temperaturas; capacidad para rebrotar tanto de copa, cepa, raíz, capacidad para germinar generando abundantes bancos de semillas que germinan con elevadas temperaturas, como es el caso de los pinos).

Conociendo las adaptaciones de la vegetación es importante esperar a repoblar para ver cómo evoluciona la superficie quemada. Dar tiempo para ver cómo se abre paso la regeneración natural de las especies con las estrategias que comentábamos antes.

Pero para esto, como comentábamos todavía falta. Lo primero y fundamental en días en que disfrutamos de la bendita lluvia, es proteger el suelo de nuestros bosques para evitar procesos erosivos y contaminación de cursos de agua. Precisamente a finales de agosto, veíamos tras el incendio de El Encinedo (León) como las lluvias arrastraban los terrenos calcinados por las llamas y debaja los ríos de la provincia completamente teñidos de negro.

O incluso llegan a afectar a los bancos marisqueros de las rías y ensenadas costeras, como ocurrió en 2013 tras los incendios del Monte O Pindo en Carnota (A Coruña), por tanto las medidas son urgentes.

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Nicolás Veracierta vio: Agentes del Seprona investigan desde este lunes las causas de los incendios

El operativo se está desarrollando sin que hasta el momento haya trascendido ningún detalle de la investigación. Los trabajos han continuado este martes, en coordinación con los comandantes de puesto de concejos de la zona, como Degaña.

Agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil comenzaron este lunes por la tarde las labores de investigación relativas a determinar las causas de los incendios que afectan al Suroccidente asturiano, según han confirmado a Europa Press fuentes de la Guardia Civil.

El operativo se está desarrollando sin que hasta el momento haya trascendido ningún detalle de la investigación. Los trabajos han continuado este martes, en coordinación con los comandantes de puesto de concejos de la zona, como Degaña.

Las investigaciones que realiza el Seprona se realizan de forma independiente a las que puedan realizarse desde las Brigadas de Investigación de Incendios Forestales del Principado de Asturias (Bripas), dependientes del Gobierno asturiano, que generalmente están compuestas por guardas y por un bombero.

Agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil comenzaron este lunes por la tarde las labores de investigación relativas a determinar las causas de los incendios que afectan al Suroccidente asturiano, según han confirmado a Europa Press fuentes de la Guardia Civil.

El operativo se está desarrollando sin que hasta el momento haya trascendido ningún detalle de la investigación. Los trabajos han continuado este martes, en coordinación con los comandantes de puesto de concejos de la zona, como Degaña.

Las investigaciones que realiza el Seprona se realizan de forma independiente a las que puedan realizarse desde las Brigadas de Investigación de Incendios Forestales del Principado de Asturias (Bripas), dependientes del Gobierno asturiano, que generalmente están compuestas por guardas y por un bombero.

ep

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