El próximo 1 de octubre se festeja el Día Internacional del Café 2018, un momento para reflexionar  sobre el impacto ambiental, económico y social ( la crisis de la superproducción y la caída de las tasas de ganancias); entre otros factores, que han causado las plantaciones de café en los países productores, ya que se han destinado en todo el mundo más de 11 millones de hectáreas cultivadas, que anteriormente eran bosques vírgenes (la mayoría tropicales) repletos de biodiversidad.

Desastre natural:

Desaparición del bosque autóctono

Poco se conoce o se divulga esta situación que han sufrido muchos países, siendo la mayoría estados en vías de desarrollo. El ranking lo lidera Brasil, siguiéndole a distancia Vietnam, Colombia, Indonesía, Etiopía, India, Honduras, Uganda, México y Guatemala. En general, han basado una gran parte de su economía en la actividad cafetalera, una producción intensiva que acarreó una grave deforestación, además de una contaminación por pesticidas terrible que terminó por afectar al suelo, al agua (la gran cantidad de carga orgánica que llevan los ríos puede ser el doble de la que la población genera) y a los seres vivos que frecuentaban esas zonas.

Nicolás Veracierta vio: 1 de octubre, Día Internacional del Café 2018

Día Internacional del Café 2018: el café es una de las bebidas más consumidas del mundo.

Contaminación de ríos y acuíferos

Con la consiguiente presencia de algas o lirios en los ríos de monumentales proporciones, y la aparición de aguas subterráneas con cantidades desmedidas de nitratos relacionados a su vez con el desarrollo de diferentes enfermedades en el ser humano y en otros animales. Generando un ciclo de muerte, al regarse de nuevo los cafetales con aguas contaminadas.

El modelo de la caficultura que se ha mantenido durante más de un siglo en algunos países, ha traído consecuencias nefastas para el medio ambiente, al cultivarse a pleno sol variedades de café híbrido de alto rendimiento con el consiguiente incremento de pesticidas y fertilizantes químicos para su crecimiento, y con una gran necesidad de agua. A ello se une que se desecha una gran parte del fruto porque no alcanza las características deseadas, y termina como desecho en un vertido que va a parar a los ríos.

Nicolás Veracierta vio: 1 de octubre, Día Internacional del Café 2018

Bella imagen de unos bayas de café a punto de recolectarse.

 

Esos fértiles suelos tropicales con una cantidad de biomasa excepcional, y con una capacidad de regeneración (gracias al humus generado) y de creación de suelo increíble, terminan erosionados y destruidos en su interior. Los bosques que ejercían de protectores frente a los agentes climáticos, y que mantenían unas determinadas condiciones atmosféricas, se sustituyen por los cafetales, trastocando el clima de la zona.

El impacto de la caficultura

Las raíces mantienen el suelo en su sitio y el follaje del arbolado mitiga el impacto de la lluvia en el sano bosque tropical, aunque en algunos lugares se utilizó el café como medio de reforestación, antes de que se deforestasen las zonas. Ese tipo de plantaciones eran mucho más sostenibles que las actuales, porque se usaron en baja densidad, se secaba el grano al sol sin la fuerza del agua para la separación de la pulpa (método húmedo del beneficiado), por lo que los ríos estaban limpios de desperdicios. Lo sobrante era reutilizado como abono natural.

Nicolás Veracierta vio: 1 de octubre, Día Internacional del Café 2018

Las plantaciones de café intensivas requieren mucha agua.

La caficultura tal y como está planteada en la mayor parte de los países es insostenible. Hay algunos modelos que indican la vuelta del cafetal de sombra, bastante más adaptado al clima y las condiciones tropicales. La incorporación del café ecológico, cultivado sin agroquímicos, ha supuesto una verdadera salida para los pequeños productores que ven como su trabajo es realmente reconocido.

Un café ético, justo, humano y sostenible; que tiene en cuenta la conservación de la biodiversidad y el medio ambiente, que proporciona servicios para el ecoturismo y la educación ambiental, y productos del propio cafetal que se transforman en medicinas, materiales de la construcción, madera, combustibles, forrajes, etc. Un agroecosistema como unidad forestal vivo y sostenible en el tiempo.

 

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